Oscar Mersan de Gásperi, director de M360, analiza cómo Paraguay transformó su reputación internacional y el gran desafío de gestionar con inteligencia el actual boom de inversiones. Cruzar la frontera mental de los prejuicios para descubrir el verdadero potencial de un país requiere visión y persistencia. Oscar Mersan de Gásperi, director de M360, experimentó en primera persona este proceso cuando recorría la región presentando un Paraguay que muchos se negaban a ver. Hoy, con el escenario completamente transformado, analiza los factores detrás de esta migración masiva de capitales y los desafíos institucionales necesarios para que este gran momento se traduzca en una prosperidad duradera.
Al mirar hacia atrás en los primeros viajes con M360, ¿cómo recordás la recepción del empresariado extranjero y con qué prejuicios te encontrabas?
Recuerdo con nitidez ir con una misión concreta y casi temeraria: visitar empresarios en Brasil, mirarlos a los ojos y convencerlos de invertir su dinero, tiempo y confianza aquí. Al principio recibía sonrisas corteses y negativas. Para buena parte de ellos, Paraguay era sinónimo de economía informal, riesgo jurídico e improvisación; un bazar de frontera de donde se volvía con historias antes que con contratos. Era la sensación de estar defendiendo a un país que existía solo en mi cabeza, porque ellos nunca se habían molestado en mirarlo de verdad.
¿Qué factores cambiaron las reglas del juego para que el país lograra derribar esas etiquetas?
La geografía no cambió, lo que cambió fue la propuesta. Paraguay empezó a ofrecer, de forma sistemática, algo que los vecinos con laberintos tributarios y burocracias sofocantes no podían igualar: simplicidad. Ofrecimos una carga impositiva baja y predecible, trámites ágiles, energía eléctrica limpia y barata gracias a Itaipú, y una estabilidad macroeconómica sólida. Quien se animó a cruzar la línea imaginaria de Ciudad del Este encontró instituciones que funcionaban y una agroindustria de clase mundial. Hoy se observa una migración masiva no solo de capitales, sino de familias enteras.
¿Cómo interpretás este fenómeno?
Es una migración sin precedentes en la historia bilateral. Vemos brasileños que registraron empresas, trasladaron operaciones completas, matricularon a sus hijos en colegios y dejaron de ser visitantes para volverse vecinos. La paradoja es que muchos empresarios que antes cerraban la puerta hoy sufren la asfixia de sus propios sistemas tributarios y la inseguridad en sus ciudades. Ese desgaste los empujó a descubrir que la convicción que defendíamos en aquellas reuniones incómodas no era ingenuidad, sino información anticipada.
Con la batalla de la percepción ya ganada, ¿cuál es el verdadero desafío actual para el Paraguay?
El desafío ya no es convencer al mundo de que aquí hay oportunidades; esa batalla está ganada. Ahora debemos estar a la altura de la expectativa que generamos. Esto implica consolidar las instituciones, profundizar el Estado de derecho, mejorar la infraestructura y gestionar con inteligencia este doble flujo de inversión y personas. No alcanza con abrir las puertas y celebrar planillas; hace falta orientar esa energía para que genere empleo de calidad para los paraguayos.
¿De qué manera se debe cuidar el entorno local ante esta gran ola de crecimiento?
La inversión extranjera es bienvenida y la celebramos, pero es un instrumento, no un fin en sí mismo. No puede desplazar a la población local de su tierra, ni encarecer la vida al punto de volver extranjeros a los locales en su propio país, ni diluir nuestra identidad. Captar inversiones productivas, planificar el proceso migratorio y asegurar que el beneficio se distribuya es la tarea fina de la dirigencia, el sector privado y la sociedad civil. Paraguay tiene hoy un momentum único.
¿Cómo evitar que se convierta en una burbuja pasajera?
Los momentos de entusiasmo inversor y datos alineados son raros y cortos. Usar este momentum con inteligencia significa construir marcos institucionales para que quienes entren contribuyan efectivamente al desarrollo en educación, salud y seguridad jurídica. Debemos asegurar que los paraguayos sean los principales beneficiados de su propio país en plena transformación. Desaprovechar esta oportunidad sería el verdadero contrabando: el de dejar escapar el futuro por falta de visión.
Desaprovechar este gran momentum histórico por falta de visión, por improvisación o por avaricia de corto plazo sería el verdadero contrabando: el de las oportunidades que dejamos escapar por nuestra propia frontera mental.”
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