Categorias: Opinión

Ocurrieron tantas cosas imposibles de contarlas

Edición N°18

Nuestra historia personal está llena de hechos que, cada vez que recordamos, nos llenan el alma.

Así, en lo familiar, en lo educativo, social y hasta laboral, tenemos un cúmulo de personas que han pasado por nuestras vidas. Con muchas seguimos en contacto permanente, con otras ya no tanto, y, con algunas, poco o nada. Y claro, están aquellas que ya han partido a la vida eterna.

Dentro de esa larga historia, nuestros “compañeros de colegio”, “hermanos de la vida”, ocupan lugares preponderantes. Son esos con los cuales hemos compartido los cimientos de nuestras vidas y que, hasta hoy, siguen presentes de alguna manera u otra.

Pero, ¿Qué hace que sean tan importantes? Muchos pueden ser los motivos, pero me gustaría centrarme en 3 (¡aunque seguro serán miles!).

La compañía: no es esa que se podría entender como la presencia física, sino el “estar”. Esos compañeros que siempre, aunque no están cerca, con sus mensajes, sus conversaciones, sus consejos, su apoyo, su ayuda… están presentes. Son los que siempre, desde chicos y hasta hoy, te entienden, te acompañan – como se dice en la jerga común – en las buenas y en las malas.

La compañía: no es esa que se podría entender como la presencia física, sino el “estar”. Esos compañeros que siempre, aunque no están cerca, con sus mensajes, sus conversaciones, sus consejos, su apoyo, su ayuda… están presentes. Son los que siempre, desde chicos y hasta hoy, te entienden, te acompañan – como se dice en la jerga común – en las buenas y en las malas.

La alegría: sí, aunque parezca poco, esto creo que es inmenso. Nos sabemos reír de nosotros mismos, nos sabemos divertir en cada reunión, hablamos siempre de los buenos momentos y nos gusta disfrutar de los recuerdos que tantas alegrías nos dieron todos y cada uno de esos años compartidos, desde las aulas hasta nuestros días.

Hoy, por la situación que nos toca vivir, estamos obligados a estar a metros de distancia. Pronto volveremos a esos encuentros, abrazos y risas que extrañamos. Porque ellos, nuestros compañeros, son los que dan la fórmula de “¡tantas cosas imposibles de contarlas!”.

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