Moda

Hilos de plata, alma paraguaya

Hay oficios que sobreviven porque alguien decidió que merecían sobrevivir. La filigrana paraguaya — ese arte milenario de trenzar hilos de plata hasta convertirlos en encaje metálico — estuvo a punto de quedar atrapada en el pasado. Fiorella Galli eligió rescatarla, modernizarla y convertirla en la primera marca de joyas de autor del Paraguay. Dos décadas después, su apuesta transformó no solo un mercado, sino la manera en que el país se mira a sí mismo.

Fiorella Galli creció entre vitrinas y orfebres. Es la cuarta generación de una familia que lleva más de setenta años fabricando joyas en Asunción, una herencia que comenzó con su bisabuelo, maestro filigranero de los años veinte. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y con un Máster en Diseño de Joyas cursado en Milán, fundó Joyas Fió hace más de dos décadas con un objetivo claro: que la filigrana dejara de ser un souvenir y se convirtiera en una pieza de deseo. Hoy dirige en paralelo Joyería Luxor, la empresa familiar, donde la mayoría de sus piezas son únicas y elaboradas artesanalmente en su propio taller. En 2005 representó a Paraguay ante la UNESCO en el Reconocimiento de Excelencia para productos artesanales del Mercosur. Sus colecciones se comercializan en Paraguay, Estados Unidos y Europa.

¿Cómo fue el momento en que decidiste hacer algo diferente con la filigrana?

“Fue después de viajar y ver el mundo de la joyería afuera. Volví con otra perspectiva y me di cuenta de que estábamos sentados sobre un tesoro que nadie estaba valorando como correspondía. La filigrana casi había desaparecido de las conversaciones sobre diseño. Solo se la encontraba en algunos puntos muy específicos del país, y siempre con la misma forma de siempre. Pensé que si le cambiábamos el lenguaje, podíamos cambiarle también el destino.”

¿Qué fue lo más difícil de ese proceso?

“Convencer a la gente de que valía lo que valía. El trabajo manual, el tiempo que lleva hacer una pieza de filigrana, la habilidad del artesano: todo eso tiene un costo real que el mercado paraguayo no estaba acostumbrado a reconocer. No había cultura del diseño de autor en joyería. Introducir ese concepto fue lento, fue difícil, fue a veces frustrante. Pero era necesario. Una artesanía que no se valoriza económicamente tampoco se preserva.”

¿Cómo construiste visibilidad sin las herramientas digitales que existen hoy?

“Con presencia física y mucha perseverancia. No había redes sociales, no había plataformas donde mostrar el trabajo en segundos. Lo que había era el desfile, el evento, el cara a cara. Nos metimos al Fashion Week cuando ese espacio recién estaba tomando forma en Paraguay, y eso nos dio visibilidad entre un público que nunca había pensado en la filigrana como moda. Fue un trabajo de hormiga durante años. Pero ese trabajo construyó algo sólido, porque no dependía de un algoritmo.”

¿Qué rol tienen los artesanos en tu proceso creativo?

“Son el centro de todo. Yo puedo diseñar, imaginar, conceptualizar una colección entera, pero si el maestro filigranero no tiene la habilidad para transformar ese hilo de plata, no existe la joya. Las manos paraguayas son extraordinarias y eso no se dice suficiente. En Fió siempre quisimos que eso fuera reconocido explícitamente: el crédito es de ellos tanto como mío. La filigrana es una técnica que exige años de oficio y una paciencia que pocos tienen. Preservar ese saber es parte de lo que hacemos.”

¿Te sentís más diseñadora o más empresaria?

“Diseñadora, sin dudas. El lado empresarial lo fui aprendiendo en el camino porque no había otra opción, y hoy reconozco que tengo cierta habilidad para resolver problemas ejecutivos. Pero no es lo que me define. Lo que me mueve es el momento del diseño, cuando una idea empieza a tomar forma en plata. El resto es consecuencia de querer que ese trabajo llegue a la gente.”

¿Qué sentís cuando ves que hoy hay más personas trabajando con filigrana?

“Satisfacción genuina. Ese era el objetivo de fondo: que la filigrana no dependiera de una sola marca ni de una sola persona para sobrevivir. Cuando empecé, prácticamente estaba sola en este camino. Hoy hay más diseñadores, más propuestas, más interés. Eso significa que el mercado creció, que la valoración creció, y que el arte en sí tiene más posibilidades de perdurar. Eso es lo que importa.”

¿Cuál es la pieza que más te emociona crear?

“Las que tienen historia. Muchas personas nos traen joyas de su familia, de su abuela, de su madre, y nos piden que las transformemos en algo nuevo sin perder lo que son. Eso es lo más hermoso que existe en este oficio: la confianza que depositan en vos con algo que no tiene precio para ellos. Una joya bien hecha no es un objeto. Es un fragmento de tiempo que alguien decidió volver eterno.”

Dos colecciones por año, materiales cuidadosamente elegidos, piezas diseñadas para ser atemporales. Joyas Fió sigue siendo, más de dos décadas después de su fundación, la referencia indiscutida de la joyería de autor en Paraguay. Fiorella Galli no rescató solamente una técnica. Rescató una forma de entender la identidad paraguaya: fina, resistente, hecha a mano y construida para durar.

Fiorella Galli es diseñadora de joyas, fundadora de Joyas Fió y directora de Joyería Luxor. Sus creaciones en filigrana combinan técnica artesanal con diseño contemporáneo y se comercializan en Paraguay, Estados Unidos y Europa.

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