Con una economía en expansión, una clase media que crece y un mercado inmobiliario que no da señales de frenarse, Paraguay vive en 2026 un punto de inflexión: asegurarse dejó de ser una opción y se convirtió en una decisión estratégica. Pero, ¿está el sector preparado para ese salto?
Durante décadas, Paraguay fue uno de los países con menor penetración de seguros en América Latina. La desconfianza, la informalidad y la falta de educación financiera construyeron un muro invisible entre el ciudadano común y una industria que, en otros mercados, es considerada la columna vertebral de la planificación patrimonial. Hoy, ese muro empieza a resquebrajarse.
El crecimiento sostenido del PIB paraguayo, la expansión del crédito hipotecario y el auge de los emprendimientos medianos están generando una demanda antes inexistente: familias que compran su primera vivienda y quieren protegerla, empresarios que trasladan mercadería y entienden que un accidente puede borrarlo todo, jóvenes profesionales que, por primera vez en la historia familiar, contratan un seguro de vida.
Antes el seguro era lo último en la lista. Hoy el cliente llega preguntando. Eso no pasaba hace diez años.”
El cambio no es solo cultural. El mercado inmobiliario paraguayo —con Asunción y su área metropolitana registrando un crecimiento histórico en metros cuadrados construidos— trajo consigo una demanda directa de coberturas para viviendas, obras en construcción y negocios instalados en nuevos desarrollos. La intersección entre ladrillo y póliza nunca había sido tan evidente.
Esta transformación también se refleja en el mundo corporativo. Las pequeñas y medianas empresas, que históricamente operaban sin ningún tipo de cobertura, comienzan a incorporar seguros de responsabilidad civil, cobertura de flota vehicular y pólizas colectivas de salud para sus empleados. La formalización del mercado laboral y las exigencias de clientes internacionales están acelerando ese proceso de manera silenciosa pero sostenida.
Pero el crecimiento también expone las grietas del sistema. La oferta de productos sigue siendo percibida como compleja, los plazos de liquidación generan desconfianza y la figura del asesor independiente —aquel que acompaña al cliente más allá de la venta— todavía es escasa en el interior del país. Ciudades como Encarnación, Ciudad del Este o Concepción concentran una actividad económica creciente, pero la presencia de asesores especializados sigue siendo desproporcionadamente baja respecto a la demanda potencial.
El problema no es que la gente no quiera asegurarse. El problema es que nadie les explicó bien cómo funciona. Eso es lo que hay que cambiar.”
El desafío para 2026 y los años que siguen no es solo vender más pólizas. Es construir una relación de largo plazo entre el sector y una sociedad que, lentamente, está aprendiendo que proteger lo que construyó es tan importante como construirlo. En ese camino, la tecnología también empieza a jugar un rol: plataformas de cotización online, renovaciones automáticas y atención digital están acortando la distancia entre las aseguradoras y un cliente cada vez más exigente e informado.
Edgar Luis Barrail Olitte es ingeniero especialista en seguros y fundador de EB Holding, empresa con divisiones en Seguros y en Construcción e Inmobiliaria.
“Cambió la conciencia. Antes atendías a alguien que venía porque el banco le exigía el seguro para aprobar el crédito. Hoy viene alguien que tiene dos propiedades, un negocio y quiere saber cómo cubrir todo eso de manera inteligente. El cliente evolucionó, y nosotros tenemos que evolucionar con él. En EB Holding trabajamos con esa visión desde el principio: no vendemos pólizas, armamos estrategias de protección patrimonial a medida.”
“Asegurar por el mínimo para pagar menos. Es comprensible, pero es una trampa. Cuando ocurre el siniestro y descubren que la cobertura no alcanza, el daño ya está hecho. Nosotros insistimos mucho en la etapa de diagnóstico: hay que entender qué tiene el cliente, cómo opera, cuáles son sus riesgos reales, y a partir de ahí diseñar la cobertura. Un seguro mal diseñado es casi tan malo como no tener ninguno.”
“Con mucho optimismo, pero también con responsabilidad. Paraguay tiene una demografía joven, una economía que sigue creciendo y una clase media que empieza a pensar en el largo plazo. Eso es tierra fértil para el sector asegurador. Pero tenemos que estar a la altura: mejorar los tiempos de respuesta, simplificar los contratos, capacitar más asesores en el interior. El mercado va a crecer de todas formas, la pregunta es si vamos a crecer bien. Yo apuesto a que sí.”
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