Hasta hace pocas semanas, proteger una marca en Paraguay era sinónimo de paciencia: un proceso que podía extenderse hasta doce meses, con etapas dispersas, plazos inciertos y una burocracia que desalentaba a más de un emprendedor antes de terminar el trámite. Con el lanzamiento del plan piloto Pya’e Porã —”bien rápido”, en guaraní—, la DINAPI acaba de cambiar las reglas del juego. Pero la verdadera pregunta es si el sector empresarial está listo para aprovechar la oportunidad.
En el mundo de los negocios, el tiempo es dinero. Y en Paraguay, el tiempo que tardaba el Estado en reconocer oficialmente el derecho de una empresa sobre su propia marca era, hasta hace muy poco, uno de los eslabones más débiles del ecosistema productivo. No porque el marco legal fuera deficiente —la Ley de Marcas N° 1294/1998 es una norma sólida—, sino porque los procesos administrativos internos convertían un trámite legalmente razonable en una espera que ningún emprendedor con urgencias podía manejar con tranquilidad.
Ese diagnóstico cambió en marzo de 2026. La directora de la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual, Claudia Franco, presentó el plan piloto “Pya’e Porã”, una iniciativa que busca agilizar el proceso de concesión de registros de marcas mediante un procedimiento abreviado, en el marco de un convenio interinstitucional con la Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (DINAVISA), apuntando a modernizar la gestión pública y responder a las dinámicas actuales de producción y comercialización.
El objetivo es tan concreto como ambicioso: reducir el tiempo de registro de una marca de entre ocho y doce meses a aproximadamente tres meses, sin modificar los requisitos legales vigentes, sino mediante una reorganización interna de los procesos. Es decir, no se toca la ley. Se reorganiza la gestión. Una distinción que, en términos prácticos, lo cambia todo.
Que el Estado empiece a entender que la velocidad también es un servicio público es una señal muy positiva. La propiedad intelectual no puede ser un lujo de los que tienen tiempo de esperar.”
El plan piloto estará vigente desde el 31 de marzo hasta el 31 de octubre de 2026. Durante ese período se realizarán evaluaciones continuas para recabar comentarios y sugerencias de los usuarios. Si los resultados son favorables, se trabajará en una implementación integral y definitiva del sistema. No es, por tanto, una reforma definitiva todavía: es una prueba con fecha de vencimiento y con la promesa implícita de que, si funciona, se convierte en la nueva normalidad.
El alcance inicial del plan es específico. Para calificar bajo el procedimiento Pya’e Porã, las solicitudes deben contar con poder inscrito ante la DINAPI, seleccionar todos los productos de las clases habilitadas —cosméticos, farmacéuticos, dispositivos médicos, alimentos, bebidas— y corresponder a marcas de tipo denominativo con publicación exclusiva en la revista REDPI. No es un fast track universal, sino uno diseñado estratégicamente para los sectores con mayor rotación y mayor impacto en el mercado interno.
El registro de marcas no es burocracia. Es la diferencia entre tener un activo y tener una ilusión. Una marca sin registro es una marca que cualquier otro puede apropiarse.”
El lanzamiento de Pya’e Porã llega en un momento en que la conciencia sobre la propiedad intelectual está creciendo en Paraguay, aunque todavía de manera desigual. Las grandes empresas y los estudios especializados llevan años operando con claridad en este terreno. El desafío pendiente es el universo de las pequeñas y medianas empresas, los emprendedores y los productores del interior del país, que muchas veces desconocen no solo el proceso sino el valor mismo de lo que están dejando sin proteger.
La iniciativa se enmarca, además, en un contexto más amplio: el Plan Nacional de Propiedad Intelectual 2030 y el Plan Estratégico Institucional de la DINAPI, lo que indica que Pya’e Porã no es una medida aislada sino parte de una agenda institucional de modernización que trasciende la gestión actual. La señal es clara: Paraguay quiere dejar de ser el país donde proteger lo que se crea es complicado, lento y desalentador.
Para el sector jurídico especializado, el plan representa también una oportunidad de reposicionamiento. Mersan Abogados, rankeada por Chambers Latin America 2026 como firma líder en Propiedad Intelectual en Paraguay, es uno de los estudios que mejor conoce los tiempos y las fricciones del sistema actual, y que más directamente puede acompañar a sus clientes en la transición hacia este nuevo esquema.
Hugo Mersan Galli es Doctor en Ciencias Jurídicas, especialista en Derechos Intelectuales, Profesor Titular de la cátedra de Derechos Intelectuales en la Universidad Nacional de Asunción y fundador de Mersan Abogados, firma con más de ochenta años de trayectoria y referente regional en propiedad intelectual.
“Significa que el Estado está empezando a escuchar. Doce meses para registrar una marca en un mercado que se mueve a la velocidad del comercio digital es, sencillamente, demasiado. Pya’e Porã es un primer paso concreto hacia un sistema más eficiente, y eso beneficia a todos: al emprendedor que lanza un producto, a la empresa que quiere expandirse, al inversor que necesita certeza jurídica antes de comprometerse. La agilidad no es un capricho; es una condición del desarrollo.”
“El riesgo más inmediato es que otra persona la registre primero. En Paraguay, quien registra primero tiene el derecho. No importa cuántos años llevés usando una denominación en el mercado si alguien más la inscribió antes que vos en la DINAPI. Y cuando eso pasa, las opciones son costosas y dolorosas: litigios, cambios de identidad, pérdida de posicionamiento. Hemos visto casos así más veces de las que quisiéramos. La mejor estrategia siempre es la preventiva.”
“Hemos avanzado mucho. Cuando empecé en esta profesión, la propiedad intelectual era un nicho muy pequeño, casi invisible para el empresariado paraguayo. Hoy hay instituciones que funcionan, hay conciencia creciente, hay profesionales formados, hay conexión con organismos internacionales como la OMPI y la ASIPI. Mersan lleva más de ocho décadas acompañando ese proceso, y puedo decir con certeza que el ritmo de cambio de los últimos años es el más acelerado que hemos visto. Pya’e Porã es un síntoma de ese cambio: ya no estamos discutiendo si proteger la propiedad intelectual importa. Estamos discutiendo cómo hacerlo mejor y más rápido.”
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