Como muchas – o casi todas – las actividades realizadas por los alumnos del colegio, la organización del San José Jazz es un semillero de aprendizajes. Es una oportunidad en la que fortalecer valores, desarrollar talentos y crear recuerdos que impactarán para siempre en las vidas de quienes participan.
Irene Gómez, Anto Villamayor y Jessi Boettner, de la promoción 2011, se reunieron para hablarnos de esta experiencia.
La unidad, el compañerismo y la amistad que nace entre las chicas de la promoción. Aparte de generar un espacio para las alumnas, el San José siempre se destacó en su sector artístico. Pensamos que es un plus poder descubrir el talento y el trabajo en equipo que siempre nos caracterizó.
Como toda actividad, se requiere mucha predisposición de todas las partes. Empezamos con el pie izquierdo, por ciertas trabas que tuvimos con algunos profesores, por cuestiones personales. Pero se logró armar un staff excelente y, con lo que teníamos, se pudo realizar y conseguir que sea un evento exitoso.
Todos los años tuvieron su destaque. Pero sí hubo acontecimientos que marcaron nuestro pasar, y justamente fueron los últimos años. El año 2010 fue muy fuerte para todos, porque un compañero estaba pasando por una situación de salud complicada.
Nos unimos, realizamos una rifa a beneficio y pudimos sortearla el día del evento. Y nuestro último año fue muy emotivo. Más allá de todo lo que conlleva lo logístico, quisimos destacar la importancia de vivir cada momento con tus compañeros, con tus amigos, de una manera única. Eso es lo que te queda finalmente y perdura a través de los años. Somos una familia.
Sí, en cuanto a la organización, la idea era realizarla en el Centro Paraguayo Japonés, porque accedíamos a un descuento, gracias a las gestiones de una compañera. Pero por ciertos conflictos entre una compañera y una profesora, se rechazó la oferta y tuvimos que realizarlo en el teatro del colegio.
El teatro es hermoso, un lugar realmente admirable. Pero, para un evento de esta categoría, no se tenía la infraestructura necesaria. Entonces, era una cuestión de ensayo y error.
Finalmente, a nivel organización salió mucho mejor de lo esperado. Tanto así que, en la previa, los números dieron para habilitar una función más.
Tuvimos apoyo de nuestra maestra y coreógrafa, y un equipo audiovisual que después terminó siendo contratado para los siguientes años.
La recepción fue genial, pudimos fortalecer relaciones que ya teníamos – por ejemplo, con las chicas de promociones menores – y logramos cerrar el año sabiendo que hicimos las cosas bien, pese a las dificultades.
Para todo evento, siempre va a ser importante el trabajo en equipo, saber delegar las funciones y ser proactivos. Quiérase o no, el jazz es un evento multitudinario. Todos los ojos están puestos en el movimiento que se genera, empezando por las mismas autoridades del colegio. Por ese motivo, también es importante su apoyo.
El Jazz nos enseñó muchas cosas a lo largo de los años. Principalmente, a ser un equipo. Todas las cosas que pasamos hicieron que hoy, después de 15 años desde que empezamos a bailar juntas, seamos más unidas que nunca. Ojalá todas puedan amar el jazz como lo amamos y disfrutamos nosotras en su totalidad.
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