Vivimos en una era en la que la conexión es permanente, pero los vínculos corren el riesgo de volverse superficiales. En muchos hogares, el uso excesivo de pantallas ha comenzado a reemplazar las conversaciones espontáneas, las risas compartidas y los momentos de presencia real.
Padres que responden mensajes mientras intentan ayudar con la tarea, hijos…

