Automotores y Concesionarias

Rutas, hermandad y celeste: La historia del San José Moto Club

El San José FVD ATA MC es hoy una comunidad que une promociones, cruza fronteras y celebra cada año el vínculo que solo entienden quienes llevan el celeste en el alma. Sergio “Tenkio” Casco, presidente del club, cuenta todo desde adentro.

El motor se enciende, el grupo se forma en la puerta del colegio y algo en el ambiente —ese perfume inconfundible de nafta, cuero y reencuentro— dice que esto es más que una salida en moto. El San José Moto Club nació así: sin planificación estratégica ni acta fundacional, sino con la energía genuina de un grupo de exalumnos que descubrieron que sus Harley-Davidson los unían tanto como los años compartidos entre los muros del San José.

Desde 2017, lo que empezó como una excusa para verse creció hasta convertirse en una de las hermandades de motociclismo más sólidas y emotivas del Paraguay. Sergio “Tenkio” Casco, de la promoción 1991 y actual presidente del club, sabe mejor que nadie lo que cuesta construir algo así y lo que vale cada kilómetro rodado juntos.

Cuando un miembro del San José Moto Club sale a rodar con el chaleco puesto, está representando a cada uno de los hermanos del club.

— ¿Cómo nació el club y qué lo hizo crecer?

Todo empezó de la manera más simple: un grupo de exalumnos con motos custom, mayormente Harley-Davidson, que empezamos a encontrarnos para rodar. Sin nombre, sin estructura, sin reglas. Solo la pasión compartida y las ganas de estar entre conocidos. Pero cuando te juntás semana a semana con personas que vienen del mismo lugar que vos, que comparten no solo la marca de la moto sino una historia, unos valores, una forma de ver la vida, inevitablemente el vínculo se profundiza.

Empezamos a convocar a más exalumnos, se fueron sumando también motociclistas de otras marcas del mismo estilo como Indian Motorcycle, y llegó el momento en que ya no era un encuentro informal: era una comunidad real que merecía un nombre y una identidad propia. Así nació el San José FVD ATA MC, legalmente constituido, con todo lo que eso implica.
“Cuando te juntás semana a semana con personas que comparten no solo la marca de la moto sino una historia y una forma de ver la vida, el vínculo se profundiza solo.”

— ¿Qué representa el chaleco para el club?

El chaleco lo es todo. En el mundo del motociclismo, el chaleco no es ropa: es un símbolo que condensa identidad, honor, lealtad y compromiso. Se gana con tiempo, con presencia, con actitud. No se regala ni se presta. Cuando un miembro del San José Moto Club sale a rodar con el chaleco puesto, está representando a cada uno de los hermanos del club, a los que están en esa salida y a los que no pudieron estar. Esa responsabilidad se siente. Verlo puesto en la ruta, entre otros chalecos del mundo, da un orgullo que no se explica fácil. Es la bandera que elegimos llevar, y la cuidamos con todo.

— ¿Cómo funciona la organización interna?

Tenemos una comisión directiva de siete oficiales, que es la estructura clásica de los motoclubes: presidente, vicepresidente, secretario, tesorero, capitán de ruta, sargento de armas y oficial de actividades. Cada uno cumple un rol real y específico. El capitán de ruta, Esteban Coello de la promo 93, es quien planifica y conduce cada salida asegurando que el grupo ruede junto y seguro.

El sargento de armas, Jorge “JG” Giucich, promoción 1981, es uno de los custodios de los valores, las tradiciones y el espíritu que han acompañado al club desde sus inicios. Su presencia dentro de la directiva actual simboliza también uno de los aspectos más distintivos de la institución: la convivencia de distintas generaciones unidas por una misma pasión. Hoy, el club es presidido por Sergio “Tenkio” Casco, promoción 1991, acompañado por Gustavo “Guasón” Borgognon (1989) como vicepresidente, Augusto “Vicky” Núñez (1984) como tesorero, César “Yuyu” Arce (1988) como secretario, Sebastián “Ratón” Olmedo (1990) como oficial de actividades y Esteban Coello (1993) como capitán de rutas.

Que exalumnos de promociones que van desde 1981 hasta 1993 compartan responsabilidades y proyectos habla del verdadero alcance del club y de la capacidad que tienen las dos ruedas para borrar cualquier distancia generacional.
— ¿Qué tienen de especial las actividades del club?

Cada tipo de salida tiene su propia magia. Las urbanas son el latido semanal del club: te mantienen conectado, te recuerdan que la hermandad existe más allá de los viajes grandes. Los recorridos al interior del país abren otra dimensión, porque el Paraguay que se ve desde una moto es completamente diferente al que conocés desde una ventana. Y las travesías internacionales son otra categoría: rodar junto a tus hermanos en rutas del exterior, dormir bajo el mismo cielo, superar juntos los imprevistos del camino, eso crea lazos que ya no se rompen. Pero si tengo que elegir un momento es el evento anual Soy Celeste, organizado por el Club.

Nació en 2020, en un año difícil para todos, y desde entonces no paró. Es un encuentro abierto a todos los motociclistas vinculados al San José, sin importar la marca ni el año de la moto. En la última edición del 2025 también se sumó el club de autos antiguos del colegio. Arranca con una bendición de las motos dentro del propio colegio.

Rodar junto a tus hermanos en rutas del exterior, superar juntos los imprevistos del camino: eso crea lazos que ya no se rompen.

— ¿Qué sentís al presidir el club hoy?

Siento el peso de lo que construyeron quienes estuvieron antes. Rafael Gorostiaga, Nery Bedoya, Alberto Allo: cada uno dejó algo en este club que hoy forma parte de su ADN. Yo recibo una hermandad con historia, con identidad, con un nombre que en la comunidad motociclista del Paraguay ya tiene peso propio.

Mi responsabilidad es cuidar eso y seguir creciendo sin perder lo que nos hace únicos: ese espíritu de exalumnos que encontraron en la ruta una manera de seguir siendo compañeros. Porque al final, eso es lo que somos. No somos solo motociclistas. Somos personas que eligen encontrarse, que eligen seguir perteneciendo a algo. Y la moto es el idioma en que lo decimos.

Somos personas que eligen encontrarse, que eligen seguir perteneciendo a algo. Y la moto es el idioma en que lo decimos.

Casi una década después de aquellas primeras rodadas sin nombre ni chaleco, el San José Moto Club es la prueba de que los vínculos que forja una institución educativa no tienen fecha de vencimiento. Se extienden más allá del aula, más allá de las promociones y más allá de las fronteras.

Se sostienen sobre ruedas, con viento en el pecho y el celeste siempre presente. Sergio Tenkio Casco lo resume mejor que nadie cada vez que enciende el motor: esto no es un club de motos. Es una forma de seguir siendo del San José.

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