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El movimiento me enseñó a ver siempre un poquito más allá

Entrevista a Laura Troncoso, exalumna de la promoción 2008

Todos los que pasan por el MEPCAH coinciden en describir al movimiento como una de las mejores etapas de sus vidas como estudiantes. María Laura Troncoso, de la promoción 2008, no es la excepción. Fue miembro desde el 2003 y dirigente en el periodo 2006 al 2008, y hasta hoy día atesora recuerdos de las expediciones vividas.

¿Cómo llegó al movimiento?

Cuando pasé a la secundaria, recuerdo que los alumnos dirigentes de ese entonces se acercaron a contarnos (a los “más chicos”) sobre el movimiento, lo que hacían y cómo lo llevaban a cabo. Sobre todo, nos ofrecían también a las chicas un campamento al que podíamos ir a compartir con chicos de toda la secundaria. Recuerdo que ese mismo día en que recibimos la invitación al primer campamento, llegué a mi casa y – ¡habrá sido tanto lo que insistí! – logré que me dieran permiso para ir. Fue mi primer campamento, y desde entonces no volví a faltar a ninguno hasta el día en que me recibí del colegio.

¿Qué implicó el movimiento en su época de estudiante?

El movimiento fue la mejor experiencia que pude tener dentro del colegio, me dio a los mejores amigos, me enseñó a conocer y amar mi país, me enseñó a ver siempre un poquito más allá, me formó en valores, y – lo que más valoro – me dio la confianza para buscar ser siempre un líder positivo. Implicó un puerto seguro en momentos difíciles y considero que me formó como persona. Cada campamento o expedición me dio la visión de lo que es ser sanjosiano / sanjosiana.

Lo más importante que se aprende en el movimiento es la formación de jóvenes líderes»

¿Cuáles eran sus expectativas antes de participar de las actividades? ¿Participar de ellas fue como se imaginaba?

Primero sentí muchos nervios. Si bien había participado antes de campamentos, esta vez era distinta, porque habría gente que yo no conocía, tampoco conocía el lugar… en fin, sentí muchísimos nervios. Pero a la vez sentí que podría ser una de las mejores experiencias de mi vida, y no me equivoque.

¿Qué aspectos son los que más destaca de esta actividad?

En primer lugar, diría que lo más importante que se aprende en el movimiento es el compañerismo y el trabajo en equipo, la formación de jóvenes lideres, también la amistad entre todo el alumnado y el hecho de poder conocer un poquito más nuestro país, a través de actividades divertidas.

¿Tiene algún viaje o anécdota preferida de ese tiempo?

Todos los campamentos tienen anécdotas increíbles, pero de los que más me marcaron fueron: el campamento de invierno en el Chaco, Tinfunque (2006) – en el cual atravesamos kilómetros de camino de tierra y polvo, no había baños, fue una experiencia durísima – escalar los cerros Akati y Tres Kandu. Este último fue durísimo, porque al llegar a la cima, hubo una tormenta eléctrica impresionante, tuvimos que refugiarnos en la base militar que había allí, con muchísimo miedo, entre 80, sin espacio… y luego el descenso con el terreno mojado. Son experiencias que, sin duda, te forman y hacen que veas las cosas de forma distinta.

Sin dudar ningún segundo, también recuerdo aquí el Campamento Salto Cristal (2006), mi primer campamento como dirigente y como Jefa de Campamento. Con solo 15 años, tenía que pararme al frente y dirigir incluso a alumnos y alumnas mayores que yo. Estaba en 4° curso en ese entonces, fue una de las experiencias que más me pusieron a prueba.

Estoy convencida de que el movimiento fue el gran formador de mi adolescencia»

¿Cree que dichas características influyeron en su personalidad?

Estoy convencida de que el movimiento fue el gran formador de mi adolescencia. Me dio la confianza para ser líder, me dio amigos increíbles, me enriqueció como persona y me pulió aunque sea un poquito, me dio herramientas para desenvolverme en la vida. También cosas que en ese momento no sabía que estaba adquiriendo, me enseñó a cuidar de los más chicos, me enseñó a estar a cargo y a responsabilizarme, y un montón de cosas más, que es imposible nombrar todas.

¿Algo que quiera añadir?

El movimiento me enseñó el amor a mi colegio, digo siempre que soy una enamorada del San José, lo que me hizo volver unos años después para ser profesora y no dudar ni un minuto en que mis hijos se formen allí. Si Dios quiere, el día de mañana espero acompañar de vuelta los campamentos desde otra posición, ya sea como mamá, como exalumna o como profesora, pero siempre con el mismo amor que en la época de colegio.

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