La Academia Literaria sigue creciendo
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Descubrí la Academia allá por el año 2022, en el mes de marzo. Recuerdo que mi grupo de amigos comenzaron a asistir a las sesiones con constancia, y fue por aquello que la curiosidad me atrapó y decidí acudir a una, para ver qué tal. Tengo que admitir que la primera vez no quedé cautivado por la esencia del estamento; había concluido en que el mismo no era para mí y durante el resto de la primera etapa (hasta principios de julio) no fui a ninguna sesión más. De todas formas, el hecho de que mi grupo siguiera presente en cada viernes de tarde me sugería que capaz haya errado en mi conclusión, capaz había resuelto demasiado pronto y debía intentar de nuevo. Aquella fue, sin exagerar, una de las mejores decisiones de mi vida. Quedé completamente enamorado de lo que la Academia le otorga al miembro durante cada sesión, esa libertad de poder canalizar lo que sea que se encuentre contenido en el interior de cada uno en una hoja de papel. Así fue como se me manifestó el poder de la escritura y comencé a producir literatura. En aquel año presenté dos obras, mismas que fueron suficientes para que se me atribuyera el grado de Miembro Destacado. En 2023, comencé a experimentar con diversos estilos y llegué a presentar nueve veces. En 2024, reduje la cadencia para enfocarme en la calidad y presenté solo cinco obras, pero el cambio de enfoque me salió bien, ya que logré obtener la calificación de Magistral en un escrito (La calificación máxima que puede recibir una obra y que nadie obtuvo en casi un lustro), se me atribuyó el grado honorífico de Miembro Académico y fui electo secretario del estamento para el año 2025. En este presenté tres veces, ya que me había concentrado en ejercer lo mejor posible mi cargo y, gracias a mis esfuerzos, conseguí ganar las elecciones para el puesto de Presidente del presente año.
Para mí, la Academia Literaria posee diversas aristas mediante las cuales el alumno puede quedar apasionado. Para mí, fue la libertad susodicha, pero hay innumerables más que refuerzan mi cariño. Por ejemplo: las habilidades en la oratoria. Si bien en apariencia este no pareciera ser uno de los principales enfoques, es verídico que las herramientas facilitadas en el campo de la redacción son proporcionales a las facilitadas en el campo de la oratoria. Cuando uno presenta frente al atril, se le observa la postura, pronunciación, gesticulación, tono y volumen de voz, vista al público, y diversos aspectos más. El exmiembro termina su recorrido por el estamento con notable destacamiento en el apartado de la exposición porque siempre se le señaló lo que se pudo, en donde acertó y en donde pudo hacerlo mejor. Otro ejemplo: la forja de amistades. Es maravilloso observar cómo, a través de este estamento y de forma ineludible, cada miembro que se integra logra conocer gente que luego se convierte en cercano suyo, cercano con quien interactúa día a día, con quien se saluda por los pasillos y sale los fines de semanas. Es un misticismo hermoso que posee la AL y que nunca va a dejar de atraer. Y así hay muchos más, pero estos, para mí, son los principales.
Junto con la Comisión Directiva decidimos mantener las fijaciones para con la redacción y oratoria, tradicionales en la Academia durante décadas, y buscamos principalmente el apelmazamiento de relaciones con otras instituciones igual de interesadas por la cultura literaria. En los últimos tiempos, conseguimos realizar encuentros con el MEC, la Fundación Augusto Roa Bastos, academias literarias de otros colegios como CEPB, Técnico Javier, 1ro de marzo, Dante Alighieri, etc. De igual forma, también buscamos organizar encuentros con diversas personalidades del ámbito, para aprender de sus experiencias y cultivarnos. Llegamos a realizarlos con personas de la talla de Carlos Martini, Eder Acosta Santacruz, Javier Viveros o Teresa Méndez-Faith. No solo buscamos realizarlos con personalidades en general, nos interesamos también en exalumnos académicos, ya que solo ellos conocen el significado pleno de “Academia Literaria del Colegio de San José”. Algunos ejemplos son: José Antonio Galeano, Mario Paz Castaing o Pedro Gamarra Doldán.
Mediante esta planificación, deseamos proyectar un futuro afín a los tiempos gloriosos del Padre César Alonso, tiempos en donde la Academia era referencia nacional por los sitios a donde llegaba y la calidad de los miembros que egresaban. Somos conscientes de la dificultad que supone plantearse una misión así en estos momentos, en donde el interés por la escritura y la lectura va decayendo progresivamente, pero eso sí, nunca dejamos de lado la ilusión y ambición que nos empujan a seguir adelante. Siempre buscamos la forma de llamar la atención de los alumnos, como cautivarlos para que descubran, así como nosotros, las preciosidades del AL; lo que no se ve a simple vista y que muchos exalumnos no han conseguido desvelar.
Es así como nos mantenemos y como vamos a persistir. Y en todo momento amparados por la memoria de nuestros antepasados, gloriosos exalumnos académicos que nos guían a cada paso, en cada instante.

