
El despegue del grado de inversión y la nueva arquitectura financiera
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Alcanzar el grado de inversión es una transformación estructural que está redefiniendo cómo fluye el capital, cómo se gestionan los riesgos y quiénes son los actores capacitados para liderar esta transición.
El primer trimestre de 2026 confirma que Paraguay no solo ha alcanzado el grado de inversión, sino que ha comenzado a operar bajo una lógica económica distinta: más sofisticada, más exigente y profundamente integrada al sistema financiero global.
Lo que hasta hace pocos años era una aspiración estratégica hoy se consolida como una plataforma concreta de crecimiento, atracción de capital y transformación estructural.
Los datos más recientes refuerzan este escenario. Las proyecciones económicas se mantienen firmes, con un crecimiento estimado en torno al 4,2% para el año, acompañado de una inflación controlada cercana al 3,5%, dentro del rango objetivo del Banco Central del Paraguay.
Incluso, los primeros indicadores del año muestran un dinamismo superior al esperado, lo que abre la posibilidad de ajustes al alza en las proyecciones oficiales.
Este desempeño no es aislado. Paraguay viene de cerrar un 2025 con un crecimiento cercano al 6% y con la consolidación de dos calificaciones en grado de inversión (Moody’s y Standard & Poor’s), lo que posiciona al país entre los de menor riesgo relativo en América Latina.
Sin embargo, el momento actual no está exento de tensiones. El mercado ya proyecta la posibilidad de alcanzar un tercer grado de inversión en el corto plazo, lo que terminaría de consolidar el perfil soberano del país. Pero también surgen alertas: el manejo fiscal, particularmente los atrasos en pagos a proveedores, podría generar señales contradictorias si no se corrige a tiempo.
En paralelo, el impacto del grado de inversión ya se materializa en el sistema financiero. Paraguay ha logrado emisiones históricas en moneda local, fortaleciendo el mercado de capitales y reduciendo la dependencia del financiamiento externo.
Este fenómeno impulsa un proceso de “maduración financiera”, donde el capital ya no solo busca rendimiento, sino también previsibilidad, gobernanza y estándares internacionales
En este nuevo escenario, la economía paraguaya deja de ser vista como una oportunidad emergente para convertirse en un destino estructural de inversión. Pero este salto también redefine las reglas del juego: exige mayor profesionalización, mejor gestión del riesgo y una nueva generación de asesores capaces de traducir la estabilidad macroeconómica en decisiones estratégicas concretas.
Es en este punto donde el rol de firmas especializadas y profesionales con visión global se vuelve determinante
“Hoy el desafío ya no es atraer capital, sino saber estructurarlo correctamente”
En un contexto donde Paraguay ha alcanzado el grado de inversión, ¿cómo cambia el rol del asesor financiero?
El cambio es profundo. El grado de inversión no solo atrae capital, sino que eleva el estándar de ese capital. Hoy hablamos de inversores institucionales, fondos internacionales y actores que requieren estructuras financieras mucho más sofisticadas. En ese contexto, el asesor deja de ser un acompañante técnico y pasa a ser un actor estratégico que conecta oportunidades locales con exigencias globales
¿Qué tipo de capacidades exige hoy el mercado paraguayo?
El mercado demanda perfiles híbridos. Ya no alcanza con un conocimiento financiero tradicional; se necesita una combinación de ingeniería empresarial, comprensión operativa del negocio y expertise técnico en finanzas corporativas. Esa integración es la que permite estructurar operaciones que realmente generen valor sostenible.
En este nuevo escenario, ¿qué áreas de asesoría están cobrando mayor relevancia?
Principalmente dos. Por un lado, la valoración de empresas y las transacciones (M&A), que están creciendo de manera significativa en el país. Determinar el valor real de un activo en un contexto de mayor liquidez y menor riesgo país requiere un análisis mucho más riguroso.
Por otro lado, el asesoramiento en deuda, donde la oportunidad está en aprovechar tasas más competitivas y estructurar financiamiento eficiente, alineado al flujo de caja de las empresas
¿Cómo impacta el grado de inversión en la toma de decisiones empresariales?
Cambia completamente la lógica. Antes, muchas decisiones estaban condicionadas por el acceso limitado al financiamiento o por el costo del capital. Hoy, el foco pasa a ser cómo estructurar mejor ese capital, cómo optimizar la estructura financiera y cómo prepararse para competir en un entorno más abierto y exigente.
Desde tu experiencia, ¿cuál es el principal desafío para las empresas paraguayas en esta nueva etapa?
El mayor desafío es adaptarse. El grado de inversión abre oportunidades, pero también expone debilidades. Las empresas que no evolucionen en términos de gobierno corporativo, transparencia y planificación estratégica van a quedar rezagadas frente a aquellas que sí logren alinearse a estándares internacionales.
Finalmente, ¿qué rol juega BDO en este proceso?
Nuestro rol es ser ese puente entre el capital y la oportunidad. Acompañamos a las empresas en todo el proceso: desde la estructuración financiera hasta la ejecución de transacciones complejas. En un Paraguay que ya opera en clave global, el valor está en transformar la estabilidad macroeconómica en decisiones concretas que generen crecimiento real y sostenible.

